| ¿No hay Biblia?
No hay desayuno
Un plan dinamico para la lectura diaria de la Biblia
Por Leland Wang
Soy un chino de nacimiento y cristiano de renacimiento.
Soy chino de raza, y cristiano por gracia.
A los chinos se nos conoce bien por lo perseverante que somos, pero el Espíritu de Dios es más persistente aún. Hubo un tiempo en que yo usaba un ejemplar de la Biblia como álbum para mi colección de sellos de correo durante años, pero el Espíritu de Dios llamó a la puerta de mi corazón, y la Biblia es hoy mi mayor tesoro.
Inicio cada día con la lectura de la Palabra de Dios. Sí no lo leo, paso hambre, pues tengo por lema: ¿No hay Bibilia? No hay desayuno!
Nací en Foochow, en la China en 1898. La primera Biblia que vi fue obsequiada a mi padre por Hsu Sanyu, un amigo de la familia que era cristiano. Yo tenía nueve años y le pedí a mi padre que me diese el libro, aunque no entendía ni una palabra del idioma inglés en que estaba escrito. La Biblia resultó un magnífico álbum para mis estampillas.
A la edad de 14 años me fracturé un tobillo como resultado de una caída. Estuve muy desanimado durante los dos meses que me pase encerrado en un hospital de Shangai, pues tenía miedo de que nunca más podría caminar. Por vez primera comencé a meditar, como lo hacen los adolescentes, sobre cuestiones más profundas. ¿De dónde venía? ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿Dónde vamos después de la muerte?
En los años siguientes estudié el confucianismo, el budismo y el taoísmo, pero no encontré en estas religiones la respuesta que necesitaba. Y entonces resolví dejar que el futuro se arreglara solo.
Después de nuestro casamiento, mi esposa Ada, que era cristiana, me llevó de vuelta a la búsqueda de la verdad.
Mientras asistía un día en la Iglesia en su compañia escuche a la congregación que cantaba: “Más cerca, oh Dios, de ti”. Y entonces pensé: “Debe de ser un Dios maravillos. Nunca he oído a nadie cantar: “Más cerca, oh ídolo de ti”. Medité sobre todas la buenas obras – hospitales, escuelas, misiones – hechas en China en nombre de Jesús.
Y recordé que hasta la historia del mundo las fechas se cuentan a partir de su nacimiento.
Más alla de Genealogías
Este hombre, Jesucristo, me tenía intrigado, y Ada dijo que la Biblia era el libro que más informacióm podía darme acerca de él. Me presentó a la señorita Evelyn Wallace, misionera canadiense que era además era profesora de Foochow, y que estaba dirigiendo una clase de estudio bíblico a la que podía asistir cualquier persona interesada.
Estaban estudiando el Evangelio de Mateo, cosa que me alegró porque me habían dicho que el Antiguo Testamento era demasiado díficil para un principiante. Comencé a sentirme muy desorientado frente a las genealogías cuando lei: “Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob..”, pero seguí con mi lectura.
Cuando llegue hasta el Sermón del Monte, me maravillé al ver las notables enseñanzas que iba descubriendo. “Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!. Mientras seguí mis estudios comencé a verme como pecador perdido al que Cristo había venido “a buscar y a salvar”.
La Biblia llegó a ser un libro completamente distinto, y por medio de su lectura llegué al reconocimiento del Señor Jesucristo como mi Salvador.
Gracias sean dadas a Dios por el día feliz en que acepté a Cristo. Confucio nos enseña el deber de la vida; Buda la vanidad de la vida. Pero Cristo nos da la eternidad y la gloria de la vida. Ada, que se había convertido a Cristo poco antes de nuestro casamiento, estaba llena de alegría. Mi madre, budista, pronto llego a conocer al Señor. Uno por uno de los demás miembros de mi familia fueron aceptando a Jesús como “el camino, la verdad y la vida”.
En 1921, mientras yo era teniente en una cañonera de la marina china, me sentí llamado a proclamar la Palabra de Dios. Más tarde empecé a predicar al aire libre, y reunía a mis auditorios tocanto una campana de mano.
Un golpe por cada minuto
Con el pasar del tiempo comencé a tener ansias de conocer mejor las Sagradas Escrituras. Necesitaba un plan de estudios y Dios me llevó a Hechos 17:11, que cuenta cómo los cristianos de Berea escudriñaban las Escrituras todos los días.
Todos los días!. Para estudiar de un modo sistemático resolví leer una porción diariamente ¿Pero cuándo?. Me dí cuenta que el obstáculo era que me agradaba levantarme tarde y luego iniciar de inmediato las actividades diarias. Cuando llegaba la noche me hallaba demasiado cansado para leer. Y continuamente postergaba mi estudio para el día siguiente. De nuevo Dios me habló por medio de varios versículos, uno de los cuales dice: “Perezoso, ¿hasta cuando has de dormir?” (Proverbios 6:9).
Entonces resolví que me levantaría todas las mañanas a las seis para leer mi Biblia. Comencé esta disclipina cuando tenía 21 años mientras estudiaba en el colegio Naval de Nanking. No había calefacción y el invierno muy frío no aumentaba mi entusiasmo por el plan.
Después de un tiempo, vacilé. Entonces le pedía a Dios que diese dedicación. Y procuré disciplinarme tomando un palo y dándmoe a mí mismo un golpe por cada minuto de atraso en la hora de levantarme. Creo que el día que más tarde me levanté fue aquel en que me dormí por 30 minutos de más. La experiencia más dolorosa!. Mi esposa y otros creían que este autocastigo era cosa de un loco. Pero los resultados fuerton óptimos. Solo me dormí pocas veces.
Después de un tiempo descubrí un método aún más eficaz. Si no leía por lo menos un capítulo para comenzar el día, no tomaba desayuno. Allí comenzó mi lema: ¿No hay Biblia? No hay desayuno!.
La Biblia ha sido mi compañera de todos los días. Como había hecho estudios en una escuela cristiana, era la única manera de llegar a concoer la Palabra. Y la lectura ha contribuido a fortalecer mi fe de un modo incalculable. Al comienzo mismo de mi vida cristiana hallé en la Palabra las respuestas a los problemas que se me presentaban.
Pocos días sin desayuno
Tres cosas me han ayudado en gran manera en mi lectura diaria:
Primero: llevar una Biblia o un Nuevo Testamento en el bolsillo siempre y a todas partes. Así en los momentos libres puedo leer algunos versículos. Siempre tengo a mi alcance la Palabra de Dios.
Segundo: cumpliendo mi lema, hace 45 años que vivo de acuerdo con él. Cuando no hay Biblia, no hay desayuno. No he tomado el lema como una rígida ley que me ate, sino como un recordatorio. Porque “no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Tercerdo: tengo un plan. Leo diez capítulos por día, dos del Antiguo y dos del Nuevo Testamento, más cinco Salmos y un capítulo de Proverbios. De esta manera se puede terminar el Antiguo Testamento una vez por año, el Nuevo tres veces por años, y los Salmos y proverbios una vez por mes.
Los Salmos me enseñan a orar y alabar a Dios en mi trato con Él. Proverbios me enseña cómo vivir y cómo tratar a mis semejantes. He leído esto libros más de cuatrocientas veces y no han perdido frescura. Hay 31 capítulos en el libro de Proverbios. Lo uso como mi calendario de viaje, y nunca tengo problemas en cuanto a recordar fechas.
Un hombre en Pensilvania me dijo un día: “Hermano Wang, yo sé de dónde saco su lema. Debe de haber sido algún planchador que al cliente le dijo: ¿No hay dinelo? No plancho tlaje”.
Le dije: “No señor. Lo saqué de Mateo 6:33 “Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, todas estas cosas os serán añadidas”.
Y ya que, como según la lógica, una doble negación es una afirmación, no sólo hay Biblia, sino también desayuno.
|